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El Martes Santo, las calles del Centro Histórico de Oaxaca se llenaron de tradición, fe y arte con la procesión de Estandartes y Relicarios de la Hermandad del Santísimo Rosario 2026, una de las manifestaciones más significativas de la Semana Santa en la ciudad.

El recorrido inició en la Basílica de Nuestra Señora de La Soledad y concluyó en la Capilla del Hotel Quinta Real, ubicada sobre la calle 5 de Mayo, donde estas piezas permanecerán en exhibición para el público los días 1 y 2 de abril de 10:00 a 21:00 horas, y el 3 de abril de 10:00 a 12:00 horas.

Una expresión viva de fe

En Oaxaca, las procesiones dedicadas a los santos y a las advocaciones religiosas son una de las expresiones más profundas de la fe popular. En ellas, los fieles —conocidos como cargadores o cargadoras— portan sobre sus hombros las andas que resguardan imágenes religiosas, muchas de ellas con siglos de antigüedad y profundamente arraigadas en la vida comunitaria.

A estas manifestaciones se integran los estandartes y sus relicarios, elementos fundamentales del culto al Santo Rosario que pertenecen a las cofradías que conforman la Hermandad del Santísimo Rosario. Estas piezas no solo cumplen una función devocional, sino que también representan auténticas obras de arte tradicional oaxaqueño.

Su presencia en las festividades tiene como propósito principal promover el rezo del rosario y acompañar a las imágenes en los distintos momentos de la celebración. Participan en tres momentos clave: la Procesión de Entrada, cuando ingresan al templo entre música y rezos; la Procesión de Aurora, que se realiza de madrugada para anunciar el inicio del día festivo; y la Procesión de Salida, que marca el cierre de la celebración con cantos y música de viento que interpreta el rosario oaxaqueño.

Origen histórico y evolución

Esta tradición tiene raíces en las antiguas cofradías novohispanas que surgieron durante el periodo colonial y que, en Oaxaca, aún permanecen vivas. Entre ellas destaca la del Santísimo Rosario del barrio de la Trinidad de las Huertas, cuyos antecedentes se remontan entre los años 1535 y 1539, cuando gremios como tejedores, hortelanos y panaderos participaban activamente en estas prácticas religiosas en la entonces llamada Verde Antequera.

Los primeros estandartes eran elaborados con materiales sencillos como papel o tela, decorados con flores de cartón. Con el paso del tiempo, su diseño evolucionó, incorporando elementos más complejos como imágenes de la Virgen María, Jesucristo y San José, así como símbolos como el sol, la luna, estrellas, cruces y delicados bordados con hilos de oro y plata.

Cada estandarte posee una identidad propia, vinculada a la historia de la comunidad que lo resguarda, lo que permite distinguirlos entre barrios y parroquias. Portarlos representa un honor y una gran responsabilidad, ya que solo pueden hacerlo personas designadas por la cofradía.

Símbolo de sincretismo y arte

Cada elemento de los estandartes tiene un significado profundo. La cruz en la parte superior representa la crucifixión de Cristo; el lienzo de felpa simboliza el firmamento; mientras que el sol, la luna y las estrellas reflejan tanto la simbología cristiana como la cosmovisión indígena.

Durante la época colonial, la imposición de la religión católica dio lugar a un proceso de sincretismo en el que los pueblos zapotecos y mixtecos integraron elementos de sus antiguas creencias en las nuevas prácticas religiosas. Este encuentro de culturas sigue presente en los estandartes, donde conviven símbolos europeos con referencias a la naturaleza y a deidades prehispánicas.

Los relicarios, por su parte, no solo resguardan objetos de valor religioso, sino que son piezas de gran riqueza cultural. Elaborados principalmente con terciopelo, incorporan ofrendas de los fieles como monedas antiguas y piezas de oro y plata conocidas como “milagros”. Algunos ejemplares datan de finales del siglo XVIII, como piezas fechadas en 1780, y presentan detalles como rosas, símbolo del rosario.

Una tradición viva en Oaxaca

En la actualidad, los estandartes y relicarios continúan participando en diversas celebraciones religiosas de la ciudad y sus alrededores, como la Procesión del Silencio y el Pésame a la Virgen de la Soledad, así como en festividades de barrios y comunidades como Xochimilco, San Juan Chapultepec, Trinidad de las Huertas, Cinco Señores, Santa Lucía del Camino y San Isidro Monjas, entre otros.

Estas piezas son resguardadas por familias que las han heredado por generaciones, conservándolas como parte de su patrimonio religioso y cultural.

Herencia incluida en el Martes Santo

La procesión de Estandartes y Relicarios del Martes Santo no solo es un acto de fe, sino también un testimonio vivo de la historia de Oaxaca. En cada pieza, en cada bordado y en cada paso del recorrido, se entrelazan siglos de tradición, arte y devoción.

Se trata de una herencia que ha sabido resistir el paso del tiempo, consolidándose como una de las expresiones más profundas de identidad en Oaxaca, donde la fe se convierte en arte y la tradición en memoria viva.

Desde el año 2016, el Municipio de Oaxaca de Juárez, a través de su área de turismo, impulsa la organización de la procesión de estandartes y relicarios, la cual culmina con una exposición abierta al público. Con el paso del tiempo, esta actividad se ha consolidado como una de las más representativas del programa turístico-religioso de Semana Santa, generando un arraigo cada vez mayor tanto entre la población local como entre visitantes. La imponencia de los estandartes y la riqueza artística de los relicarios han convertido esta muestra en un atractivo que combina fe, historia y patrimonio cultural.
Contenido
Texto por Antonio Aquino
Fotografías por Rodrigo Suárez





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"Tierra de dioses que nunca mueren"
2025
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El viernes 5 de septiembre, en el marco de la fiesta patronal dedicada a la Natividad de la Virgen María, se realizó la Guelaguetza Ejuteca 2025, celebración que en el centro de la población reunió a cientos de espectadores que disfrutaron de las tradiciones y danzas de las distintas regiones de Oaxaca.

La fiesta comenzó después de las 19:00 horas, cuando las delegaciones participantes llenaron de música, color y alegría la explanada. Abrieron el programa las Chinas Oaxaqueñas de Genoveva Medina, quienes encabezaron la tradicional calenda y ejecutaron el Jarabe del Valle. Posteriormente, Miahuatlán de Porfirio Díaz presentó sus sones, entre ellos el siempre querido Palomo Miahuateco.

La delegación de Tlacolula de Matamoros presentó la boda tradicional con su Jarabe del Valle, mientras que San Melchor Betaza compartió sus sones y jarabes de Betaza. Desde la Sierra Sur, Sola de Vega contagió al público con sus chilenas; el Istmo se hizo presente con Asunción Ixtaltepec, que evocó las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Asunción; y la Costa llegó con la herencia afromexicana de la Danza de los Diablos de Santiago Llano Grande, así como los sones de San Pedro Pochutla. La Mixteca estuvo representada con los sones y jarabes de la H. Ciudad de Tlaxiaco.

Uno de los momentos más ovacionados fue la Danza de la Pluma de la Villa de Zaachila, cuya ejecución conquistó a propios y visitantes. También se presentó el Jarabe del Valle interpretado por la delegación de la Heroica Villa de San Antonino Castillo Velasco. La alegría continuó con los sones, juegos y chilenas de Pinotepa Nacional, seguidos del emblemático Jarabe Mixteco de Huajuapan de León.

La antesala del cierre llegó con la emblemática Flor de Piña, interpretada por las mujeres de San Juan Bautista Tuxtepec. El broche de oro lo puso la delegación anfitriona de Ejutla de Crespo, que compartió la energía y tradición de su Jarabe Ejuteco.

Al concluir las presentaciones, las delegaciones y el público se unieron para disfrutar de la música de La Sonora Dinamita, que convirtió la noche en una verdadera fiesta popular.

La Guelaguetza Ejuteca 2025 no solo reafirmó el orgullo de los ejutecos por sus tradiciones, sino que también mostró, una vez más, la riqueza cultural de Oaxaca en toda su diversidad.
Contenido por: Antonio Aquino



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