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Mientras la mayoría de los habitantes de la Verde Antequera duerme, los taxistas y algunos trasnochadores recorren las calles de la ciudad de Oaxaca, pero se han encontrado con fantasmas, cuyas leyendas se han vuelto populares.

Taxistas y un vulcanizador cuentan las historias de las apariciones ocurridas en su diario peregrinar.

La enfermera del panteón

Jueves Santo del año 2011, 00:05 horas. Hugo, conocido entre los taxistas como El Pollo, conducía la unidad de alquiler 598 del sitio Reforma, en la Calzada del Panteón de la Unidad Modelo, en la ciudad de Oaxaca y decidió regresar a las calles céntricas de la Verde Antequera, tras dejar a una dama de 40 años.

De pronto, por el espejo retrovisor observó la mano de una mujer que le hizo señas y por lo cual se echó de reversa para abordarla y llevarla a su destino.

“Era una joven, muy guapa, vestida de blanco y tomé la calle de Refugio, seguí por Abasolo, luego M. Bravo”, relata El Pollo.

En la esquina con Porfirio Díaz, le preguntó a dónde iba y le contestó que por las escaleras de la Plaza de la Danza, frente al templo de La Soledad, en la calle de Morelos.

La joven iba callada y al llegar al lugar, descendió y pidió que el taxista esperara para ir por dinero.

“Me quedé dentro del taxi, con el motor encendido, no me di cuenta cuánto tiempo pasó, cuando un compañero me despertó; me preguntó qué me pasaba porque estaba como ido, como dicen, en “el avión” y les dije que estaba esperando a una joven que había “modulado” (abordado) en el panteón General”, expresó.

Un taxista llevaba un poco de mezcal y se lo aventó en el rostro al Pollo y reaccionó.

Unos días después, el Pollo se enteró que la joven fue una enfermera que había muerto hace más de diez años.

“A otro taxista le pasó lo mismo, la abordó por el panteón general, la joven ingresó a la casa y salió a pagarle con un anillo muy brillante; al otro día, el compañero fue a cobrar lo del viaje para regresar la joya, pero salió un señor que dijo que su hija tenía diez años de muerta y el señor sufrió un paro cardíaco que fue a parar al hospital”, comentó.

El Catrín

El Pollo, trabajador del volante por años, relata otra de sus vivencias, cuando un hombre vestido de negro, sombrero y con un maletín, le hizo la parada en la avenida Venus, unos metros antes de llegar a la Calzada Héroes de Chapultepec.

-¡Me llevas a la central camionera?- cuestionó el hombre, de unos 45 años de edad.

El hombre, de tez blanca, abordó la unidad y se sentó en el asiento trasero. A un lado puso su maletín.

El trayecto era tranquilo, pero cuando el taxi circulaba en la calle de Tinoco y Palacios, el hombre tocó el hombro del taxista y le preguntó: ¿Te gustaría tener ésto?

Por el espejo retrovisor, el Pollo observó que el hombre abrió el maletín y estaba repleto de dinero.

“En ese momento sentí algo frío, pero seguí hasta la central, llegué y me detuve frente a la central camionera de segunda clase; en la avenida Central, al voltear, el hombre ya no estaba”, expresa.

“No escuché el ruido de la puerta que hayan abierto y llegaron otros taxistas, quienes me preguntaron qué había pasado, les platiqué y al abrir la puerta, vimos que estaban cuatro monedas de diez pesos, me había pagado los 40 pesos de la dejada”, concluyó.

La chica del bar

Durante la madrugada, cuando las calles están solitarias, ocurren muchas cosas y Rolando, otro taxista, relata la aparición de una joven, en la entrada a Santa Cruz Amilpas.

“Muchos la han visto y la historia es similar. La joven se aparece durante las madrugadas en la entrada al fraccionamiento Santa Cruz Amilpas, debajo de un árbol frondoso, hace la parada y cuando la unidad se detiene, desaparece.

“En ese lugar ocurrió un lamentable accidente, un automóvil chocó en contra de un árbol y falleció una joven que era mesera en el Taxis' Bar, un antro de vicio que ya desapareció”, mencionó.

El joven que murió atropellado

En un tramo de 200 metros en la avenida Símbolos Patrios, entre el crucero de la Experimental y la entrada a la estación de servicio de la colonia Buenos Aires, se pueden observar las cruces de accidentes ocurridos en una pequeña zona. Seis cruces aún están en el lugar, algunas ya un poco deterioradas por el paso del tiempo.

Hace cinco años, Lucas conducía un taxi con dirección al centro de la ciudad luego de acudir a un viaje a la zona del Aeropuerto, en San Agustín de las Juntas.

Era de madrugada y todo se veía tranquilo. De pronto, un joven con una mochila al hombro le hizo la parada y le pidió un servicio a la población de San Antonino Castillo Velasco, Ocotlán. El trayecto fue normal y el pasajero muy callado.

Al llegar a San Antonino Castillo Velasco, el joven descendió, se metió a un domicilio y nunca más salió. Lucas, luego de esperar unos minutos, descendió y acudió a tocar a la vivienda.

Nadie contestaba y empezó a golpear más fuerte. De la vivienda salió un hombre con un filoso machete para encarar al taxista y reprocharle por qué molestaba a las tres de la mañana.

Asustado, Lucas le explicó que un joven le pidió un viaje y se metió en la vivienda. “El señor me dijo que su hijo tenía unos años que murió en un accidente en la avenida Símbolos Patrios y se metió”, relató.

Lucas pidió ayuda de sus compañeros para ir a traerlo; de la impresión, ya no pudo manejar su unidad de motor.

La mujer del Centenario

Sam, conocido vulcanizador, tras terminar de laborar en su taller de la avenida Símbolos Patrios, abordó su camioneta para dirigirse al domicilio de su esposa, ubicado en la colonia Ampliación de santa Cruz Xoxocotlán.

Eran a las 02:30 horas de un día del mes de agosto del año 2007 y a bordo de su unidad de motor tomó la carretera que comunica a Santa Cruz Xoxocotlán.

La avenida estaba solitaria, cuando de pronto, al pasar el puente IV Centenario se apareció una mujer de tez blanca, de 20 años aproxidamente, con vestido de color claro, quien le hizo señas.

“Era muy bonita, preciosa, uno como hombre se va de pique con cualquier mujer y nunca recordé que me decían que ahí asustaban; me detuve y le pregunté hacia dónde iba”, agregó.

-¿Dónde vas?- preguntó el talachero.

-Pues, pa`allà- contestó la joven.

-Qué guapa, qué hermosa es usted- le dijo.

Cuando iba llegando al centro de salud de Santa Cruz Xoxocotlán, el vulcanizador le preguntó a la joven hacia dónde iba, porque daría vuelta a la derecha para seguir hacia la colonia Ampliación de Santa Cruz Xoxocotlán.

-Voy a dar vuelta, ¿dónde la dejo?

-Llévame a Aguayo, Xoxo, de los carrizales pa´dentro.

"Yo no soy miedoso, me la quedé viendo y pensé que algo me iba a pasar y le dije 'me va a disculpar, pero aquí doy vuelta'”, agregó.

Sam le volvió a decir que se bajara y apagó el motor de la camioneta para ir del lado del copiloto para abrir la puerta. Al llegar del otro lado, la mujer había desaparecido, ya no estaba.

“En ese momento me quedé pensando y para regresar del lado del conductor pensé mil cosas; qué tal si mi camioneta me atropellaba; con mucho cuidado logré llegar y estar frente al volante y me fui a mi casa”, comentó.

Sentado en su taller ubicado en la misma avenida, pero ahora en San Antonio de la Cal, Sam menciona que al llegar a su domicilio de una de sus mujeres, “sintió algo frío que me recorrió el cuerpo. Existen esas cosas, yo no las creía, pero la vi”, concluyó.


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2016

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