Espectáculo Bani Stui Gulal 2026: la historia y el origen de la Guelaguetza
Julio, Mes de la Guelaguetza 2026
Bani Stui Gulal 2026: la historia de la Guelaguetza
Con más de 300 personas en escena, la representación llevó al público por las épocas prehispánica, colonial, independiente y contemporánea para recordar el origen y la transformación de la máxima fiesta de las y los oaxaqueños.
Oaxaca de Juárez, Oax., 24 de julio de 2026.- Antes de que las delegaciones de las ocho regiones vuelvan a encontrarse en la Rotonda de la Azucena durante la Octava del Lunes del Cerro, el Auditorio Guelaguetza abrió sus puertas para mirar hacia el pasado y recordar los distintos momentos históricos que dieron forma a la máxima fiesta de las y los oaxaqueños.
La noche del viernes 24 de julio, la danza, el teatro, la música y la tradición se reunieron en el espectáculo Bani Stui Gulal, expresión zapoteca que significa Repetición de lo Antiguo, presentado a las 20:00 horas como parte de las actividades de Julio, Mes de la Guelaguetza 2026.
Con más de 300 personas en escena, la puesta presentada por el Grupo Folklórico de Oaxaca A.C. llevó al público por un recorrido histórico que comenzó mucho antes de que la celebración fuera conocida como Guelaguetza.
Entre luces, música y movimientos ceremoniales, la Rotonda de la Azucena se transformó primero en un espacio dedicado a las antiguas celebraciones vinculadas con el maíz, la fertilidad y la relación de los pueblos originarios con sus deidades.
La representación evocó la festividad prehispánica conocida como Huey Tecuílhuitl, la gran fiesta de los señores, durante la cual se realizaban ceremonias en honor a Centéotl, deidad del maíz. Danzas, ofrendas y rituales mostraron la importancia que este alimento tenía —y continúa teniendo— dentro de la vida comunitaria y espiritual de los pueblos de Oaxaca.
El escenario cambió con la llegada de la época colonial. La presencia española, la evangelización emprendida por las órdenes franciscana y dominica y la imposición de una nueva religión transformaron las antiguas ceremonias.
El teocalli fue destruido y, sobre los espacios de culto prehispánico, comenzó a extenderse la celebración católica dedicada a la Virgen del Carmen. En este pasaje aparecieron los gigantes, los enanos, la serpiente y los tradicionales zancudos de Zaachila, personajes que despertaron la sorpresa y el entusiasmo de las y los asistentes.
La historia avanzó después hacia el México independiente, cuando el Cerro del Fortín se convirtió en un espacio de reunión y convivencia para las familias oaxaqueñas.
Hombres, mujeres, niñas y niños de distintas comunidades y condiciones sociales subían al cerro para comer, conversar, tomarse fotografías, observar competencias físicas y disfrutar de los días festivos. Aquellas reuniones populares comenzaron a construir parte de la memoria colectiva que, con el paso del tiempo, consolidaría las celebraciones de los Lunes del Cerro.
La puesta en escena llegó finalmente a la época contemporánea. Sobre el escenario, mujeres y hombres representaron la riqueza cultural de las ocho regiones de Oaxaca y proclamaron el poema “¡Yo soy Oaxaca!”, una exaltación del orgullo, la diversidad, la herencia y el corazón de los pueblos que conforman la entidad.
La música, las danzas, la indumentaria y las expresiones comunitarias llenaron nuevamente la Rotonda de la Azucena para mostrar cómo aquellas antiguas celebraciones se transformaron hasta dar origen a la Guelaguetza actual: una fiesta donde los pueblos comparten con el mundo parte de su historia, su lengua, sus tradiciones y sus formas de comprender la vida.
Durante varias horas, el Auditorio Guelaguetza dejó de ser únicamente el escenario de los Lunes del Cerro para convertirse en un espacio donde el tiempo pareció retroceder. Cada periodo histórico fue enlazando las creencias, transformaciones y encuentros sociales que explican la evolución de esta celebración.
A través de la propuesta que el Grupo Folklórico de Oaxaca A.C. ha preservado como parte de las Fiestas de Julio, el público pudo comprender que detrás de la música, el color y la algarabía existe una historia profunda que continúa viva en las comunidades.
Así, en la víspera de la Octava del Lunes del Cerro, Oaxaca volvió a mirar hacia atrás para reconocer el camino que convirtió una antigua celebración vinculada con el maíz, la espiritualidad y la vida comunitaria en la fiesta que hoy hermana a sus ocho regiones.
Galería Vive Oaxaca
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