Historia de Oaxaca: El Tsunami de Oaxaca

Historia de Oaxaca: el Tsunami de Salina Cruz
Por: Héctor Lara Gallegos

La historia de un desastre en el pasado muy cercano en las playas del Océano Pacífico, en el Golfo de Tehuantepec. Investigaciones en paleosismología ayudaron a determinar que el 28 de marzo de 1787 hubo un terremoto de magnitud 8.6 con tsunami en Guerrero y Oaxaca.

Entre las anécdotas que se cuentan en Salina Cruz, y que están guardadas en la tradición oral de los ancianos, se dice que en cierta ocasión hubo un gran terremoto en Tehuantepec: mientras aquí se abrió la tierra, los pescadores que se encontraban en Salina Cruz, vieron cómo temerosos la mar se retiraba de su sitio y se dejaban ver los cerros, los barrancos y los montes que existen debajo del agua, algunos pudieron caminar un largo tramo mar adentro, pero al poco tiempo las aguas regresaron en la forma de una gran ola y el mar se salió de su sitio entrando hasta donde hoy se encuentra el parque de Salina Cruz, muchos observaron esto desde lo alto de los cerros".

La primera información sobre un maremoto, lo que actualmente se conoce cómo tsunami, en las costas de Salina Cruz, aparece cómo una crónica hispana del año de 1772, en el informe se describe lo siguiente: "Caballos que fueron hallados en las copas de los árboles y tantas más desgracias". Por su parte la Secretaría de Marina, en la compilación "Historia de los tsunamis locales ocurridos en México", nos presenta el siguiente informe que trascribo tal cual:

"Marzo 28,1787: "Sismo de magnitud mayor a 8.0, se produjo a las 11:30 hora local y se localizó cerca de San Marcos, Guerrero, afectando las costas de los estados de Oaxaca, Guerrero y Michoacán, sintiéndose en la ciudad de México durante 6 minutos y provocó daños en algunos edificios, entre ellos el Palacio Nacional, en Teuchitlán, Jalisco, fueron destruidas tres iglesias y en la Ciudad de Oaxaca se desplomaron algunos edificios y construcciones así como domicilios particulares.

El tsunami afectó el puerto de Acapulco. El alcalde de Igualapan, Guerrero, describió el tsunami en una carta publicada en la Gaceta de Acapulco del mes de mayo de 1787 de la siguiente manera:

'El mar se vió correr en retirada, y luego crecer y rebosar sobre el muelle, repitiéndose esto varias veces por espacio de 24 horas, al 'mismo tiempo que la tierra se cernía con frecuentes terremotos. En la playa abierta se salieron de caja las aguas del mar, derramándose con fuerza y arrastrando entre sus ondas gran cantidad de ganado. Algunos costeños, cómo el mayordomo de la hacienda de Don Francisco Rivas, regidor de Oaxaca, pudieron salvar sus vidas encaramándose a los árboles hasta que se retiraron las aguas.

Algunos pescadores en la barra de Alotengo, a las once horas de ese día, vieron con asombro que el mar se retiraba, dejando descubiertas en más de una legua de extensión tierras de diversos colores, peñascos y árboles submarinos, y que retrocediendo luego con la velocidad con que se había alejado, cubría con sus ondas los bosques de la playa en que se internó más de dos leguas, dejando entre las ramas de los arboles al volver a su casa muchos y variados peces muertos; algunos de los pescadores perecieron, muchos para poder salvarse se internaron en las tierras más altas sobreviviendo muy estropeados' (dos leguas equivalen a 8 kilómetros).

"En Acapulco la marejada más alta alcanzó una altura de doce pies (4m). La ola del tsunami fue observada también en la región de Pochutla, Tehuantepec y otros asentamientos de Oaxaca". Siguiendo la historia de este tsunami, un columnista llamado Gerardo Suárez, en su nota "El gran tsunami mexicano", publicado en 2011, menciona los siguientes datos: "La ciudad de Oaxaca sufrió los mayores daños en su historia. Entre los más importantes, el terremoto causó estragos en las casas reales, dañó las torres de la iglesia de San Francisco, provocó serias averías en los cinco conventos de religiosas y arruinó la iglesia de Nuestra Señora de la Merced Calzada.

En Tehuantepec, el sismo arruinó la iglesia de San Sebastián y rompió los muros del templo de Santo Domingo. Se estima que el temblor del 28 de marzo de 1787 alcanzó una magnitud de 8.6." Así pues, sólo podemos suponer, según estos testimonios, que posiblemente éste sea el terremoto y maremoto que se ha quedado guardado en la memoria de los pescadores de Tehuantepec, dada la magnitud del evento en aquellos tiempos tempranos de la historia de Salina Cruz; lo que sí no podemos negar, es que a través de la tradición oral, los recuerdos y las anécdotas de nuestra gente se perpetúan, podemos aprender y rastrear aspectos conocernos mejor estos relatos a veces cotidianos y mucho más de la historia de nuestros pueblos, corroborarlos y dejarlos escritos para las nuevas generaciones.





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