Historia de Oaxaca: Amores de Porfirio Díaz

Amores de Porfirio Díaz.

Su primer gran amor, fue su sobrina carnal, Delfina, hija natural de su hermana Manuela.
Delfina Ortega nació en 1845 en la ciudad de Oaxaca, vivía con su abuela materna Petrona Mori, madre de Porfirio.

Su madre Victoria Manuela Josefa Díaz Mori, hermana de Porfirio Díaz; había tenido una aventura con un médico que estaba comprometido y no reconoció a Delfina.

La niña vive con su madre, abuela y tías, educada con las tradiciones oaxaqueñas, en 1856, cuando Delfina tenía once años, muere su madre y se va a vivir con su tía Nicolasa Macedonia Díaz en la calle del Carmen.

Casi 25 años después en 1878, Díaz hace Senador al médico Ortega, padre de Delfina y éste la reconoce como hija.

Don Porfirio era quince años mayor que Delfina y cuando ella tiene veinte, empiezan una relación, queriendo hacer una vida en familia don Porfirio le escribe a su sobrina el 18 de marzo de 1867, en plena campaña contra los franceses y Maximiliano.

Querida Fina:
Estoy muy ocupado y por eso seré demasiado corto no obstante la gravedad del negocio que voy a proponerte a discusión y que tú resolverás con una sola palabra.

Es evidente que un hombre debe de elegir para esposa a la mujer que más ame entre todas las mujeres si tiene seguridad de ser de ella amado, y lo es también que en la balanza de mi corazón no tienes rival, faltándome de ser comprendido y correspondido; y sentados estos precedentes, no hay razón para que yo permanezca en silencio ni para que deje al tiempo lo que puede ser inmediatamente. Éste es mi deseo y lo someto a tu juicio, rogándote que me contestes lo que te parezca con la seguridad de que si es negativo no por eso bajarás un punto en mi estimación, y en ese caso te adoptaré judicialmente por hija para darte un nuevo carácter que te estreche más a mí, y me abstendré de casarme mientras vivas para poder concentrar en ti todo el amor de un verdadero padre.

Si mi propuesta es de tu aceptación, avísame para dar los pasos convenientes y puedas decírselo a Nicolaza, pero si no es así, te ruego que nadie sepa el contenido de ésta, que tu misma procures olvidarla y la quemes. No me propongas dificultades para que yo te las resuelva, porque perderíamos mucho tiempo en una discusión epistolar. Si me quieres dime sí, o no, claro y pronto. Yo no puedo ser feliz antes de tu sentencia, no me la retardes.

Más a lo sublime del amor hay algo desconocido para el idioma, pero no para el corazón, y para no tocar lo común, en él me despido llamándome sencillamente tuyo.

Delfina le contesta seis días después, el 24 de marzo:
Mi muy querido Porfirio: Tengo ante mis ojos tu amable carta de fecha 18 del presente. No sé cómo comenzar mi contestación: mi alma, mi corazón y toda mi máquina se encuentran profundamente conmovidos al ver los conceptos de aquella. Yo quisiera en este instante estar delante de ti para hablarte todo lo que siento y que mis palabras llegaran a ti tan vivas como son en sí, pero ya que la Providencia me tiene separada de tu presencia, tengo que darte a respuesta tan franca y clara como tú me lo suplicas, pero me permitirás el que antes te diga que varias reflexiones se me ocurren que debiera exponértelas previamente , pero sacrifico este deber sólo porque te quiero dar una prueba de que vivo tan sólo para ti, y que sin prejuicio de que alguna vez tenga derecho a explicarte las citadas reflexiones, me resuelvo con todo el fuego de mi amor a decirte que gustosa recibiré tu mano como esposo a la hora que tú lo dispongas, esperando que mi resolución franca la recibirás no como una ligereza que rebaje mi dignidad sino por no hacerte sufrir incertidumbres dolorosas.

Nada de esto sabe tía porque no me pareció el decírselo yo, sino que tú se lo digas. En caso de que dispongas cualquier otra cosa, te suplico que sea por conducto de nuestro pariente Pepe Valverde, pues sólo en éste tengo confianza. Te ruego que te cuides mucho sin ajar tu buen nombre, y entre tanto saber que es y será tuya.






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2020

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