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Hay una dualidad que se hace visible en el movimiento, para las culturas antiguas de Mesoamérica, esta dualidad se manifiesta como cósmica y cotidiana a la vez, los atributos masculino y femenino se relacionan con aspectos de la naturaleza, del espacio y del tiempo.

El sol, el cielo, el fuego y la luz como atributos masculinos se complementan y existen por su relación con la noche, la luna, la oscuridad y lo húmedo que son características de lo femenino. El mundo puede ser visto como una flor de cuatro pétalos con un centro, cada pétalo es una esquina del universo, el centro es el ombligo desde donde todo se une. El centro de la flor une el día y la noche, lo masculino y lo femenino.

Podemos trasladarnos entre los espacios y las energías y por eso algunas deidades mesoamericanas son duales, femeninas y masculinas, mostrándonos formas metafóricas de identidades siempre en transición. Hombres y mujeres somos sujetos imaginarios y nos movemos en mundos simbólicos.

Lo femenino y lo masculino parece partir del cuerpo, pero no es así. La lógica de la clasificación biológica es una ilusión. Los cuerpos adquieren significados y formas de representación, pero no son el origen de las clasificaciones simbólicas. Ubicarse en el centro de la flor, entre lo femenino y lo masculino es estar en un lugar de unidad altamente creativo, en donde todo puede surgir, en donde la lluvia cae sobre los ríos y el sol ilumina la tierra.

Ser muxhe es una condición particular de la cultura zapoteca, es estar y ser en la unidad, en la dualidad. El cuerpo es masculino y femenino, de manera simultánea, en un plano imaginario y simbólico; estar en la sociedad siendo muxhe es moverse, jugar y atravesar fronteras de significación. El cuerpo muxhe es un cuerpo poético. La sexualidad incluso, se vuelve parte de este performance continuo que plantea una ruptura con las convenciones del pensamiento dicotómico que todo lo separa y jerarquiza.

Ser muxhe es estar en un tercer espacio en donde no hay asignaciones fijas, en el performance se es hombre y mujer al mismo tiempo. Ser dos en un mismo cuerpo. De esta manera se afirma una libertad de recrearse y de crear las propias prácticas. Una de ellas es la elaboración de tocados, de adornos para las fiestas, de bailes y vestuarios. Habitar una fantasía continua de imágenes que con frecuencia asombran y son híbridas o eclécticas.

Los tocados son los adornos de las diosas, tienen las flores sagradas, el fuego, la luz y la lluvia. Los tocados son una forma de venerar el Tonalli, o tercer alma, que López Austin nombró como la conexión del ser con el cosmos.

Los tocados creados a partir de una reflexión sobre la dualidad contenida en la identidad muxhe, así como del concepto de adorno sagrado, expresan una gama de posibilidades y combinaciones de materiales y texturas que van de lo tradicional a lo contemporáneo. Cada pieza es una creación única proveniente de un proceso de varios meses de trabajo colectivo, de encuentro entre las ideas y el mundo imaginario muxhe de Unión Hidalgo/Rancho Gubiña. En ese sentido son irrepetibles y portan la libertad, belleza y poder de la unión de lo masculino con lo femenino. Cada tocado es portador de una energía, de un movimiento, de un esfuerzo y de un deseo.

Portar un tocado es entrar en conexión con los adornos de las diosas.

La construcción social del género, no obstante, ha separado y estigmatizado la homosexualidad, la homofobia se manifiesta como un rechazo a la diferencia y a la dualidad. En la etapa de socialización de los niños, el rechazo aparece como una agresión verbal ante una actitud “afeminada” que es menos agresiva, más gentil, apegada a la madre o a las niñas. En el Istmo estos estigmas tienen otros matices y si bien muchas familias piensan en la homosexualidad, o en el ser muxhe como un don de dios; muchos hombres, sobre todo los padres, siguen reaccionando violentamente ante la evidencia de tener un hijo/hija muxhe. 

Socialmente hay una marginación de la comunidad muxhe que se manifiesta en su clara separación del resto y en los pocos espacios de reconocimiento que existen para su trabajo y para su desarrollo, no es difícil pensar que al ser muxhe queda truncada la posibilidad de tener un apoyo familiar para estudiar y que la dualidad muxhe no es o sería aceptada en muchos ámbitos profesionales.

Este proyecto es una manera de abrir espacios para la creatividad y el trabajo profesional de la comunidad muxhe, a través de un proceso de reinvención del tocado istmeño que hace posible la dignificación de su capacidad como creadores de diseños que veneran y embellecen la dualidad que todos tenemos.


Texto original de: Patricia Tovar

© www.ViveOaxaca.org
“Tierra de dioses que Nunca Mueren”
2014

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