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Iglesia del Barrio de san José
Huajuapan estuvo de fiesta el pasado fin de semana con la celebración en honor a san José en el barrio que lleva el mismo nombre, uno de los barrios mas antiguos de Huajuapan y que es cuna de una de las tradiciones más alegres del Municipio: Los matachines.

Las cabezas de los Matachines fueron traídas de Tezoatlán de Segura y Luna por vecinos del barrio de San José, a principios del siglo XX, por iniciativa del sacerdote José Cantú Corro.

La palabra matachín proviene del vocablo árabe matauachihin, que significa “enmascarado” y que al pasar a Europa se convirtió en mattaccino y se fue modificando hasta llegar a su forma actual.

Según una versión los matachines eran una manifestación de celebración victoriosa de los cristianos sobre los árabes. Los primeros grupos o cuadrillas habrían surgido en Toledo, España, probablemente en el año 1571 y llegado a México con posterioridad a la conquista.

Otra versión refiere que las danzas de matachines eran una representación de la lucha entre el bien y el mal, en la que participaban una doncella, varios diablos y bufones, un monarca que dirigía la danza, un abuelo que ponía el orden a latigazos, así como varios capitanes y danzantes. Los matachines de Huajuapan se diferencian de los de otros puntos del país no sólo porque son acompañados por la música de una banda de viento, que interpreta las melodías que habitualmente forman parte de su repertorio, sino también porque son armazones de madera con cabezas del mismo material que los danzantes cargan sobre sus hombros, y porque carecen de una coreografía definida.

De acuerdo con datos de la Unidad Regional de Culturas Populares, los matachines fueron traídos de la Villa de Tezoatlán de Segura y Luna, probablemente en el año 1919, para ser utilizados en las festividades del barrio de San José. Inicialmente eran sólo máscaras decoradas, pero después se les fabricaron las armazones de madera.

En su obra San José, un barrio con tradición, Josafat Herrera Sánchez, Cronista del Municipio de Huajuapan y vecino del citado barrio, refiere que los matachines nacieron en la época de la revolución, por lo que los primeros sones utilizados para su baile fueron precisamente las canciones de la época, como La adelita, La valentina, La cucaracha y El venadito. Menciona que la primera generación de matachines la integraban el diablo mayor, la muchacha, la negra, el viejo, la vieja y el catrín.

Esta versión coincide en lo general con la de Mario Mora Olivera, quien recuerda que su abuelo Miguel Mora trajo de Tezoatlán las cabezas de los primeros matachines, luego de que varios vecinos del barrio cooperaron para comprar cada uno de ellos un matachín. “Recuerdo que el diablo lo compró un señor de apellido Ortiz, y a la muchacha la compró mi abuelo”, relata.

A su vez, Manuel Ortiz Cruz, vecino del barrio, ubica la llegada de las cabezas de los matachines aproximadamente en el año 1924, y confirma que las armazones se hicieron en esta ciudad.

El cronista del municipio menciona que el diablo mayor fue adquirido por Francisco Ortiz Chávez; la muchacha por Miguel Mora; la negra por Francisco Castillo; el viejo por Trinidad Cisneros; la vieja por Gregorio Pérez; y el catrín por Manuel Solano.

El 18 de marzo de 1963 surgió una nueva generación de matachines: el mulato obsequiado por José Barragán; la mulata por Juan Montes; el nuevo diablo por Cristina Montes; la pareja de payaso por Concepción Herrera Sánchez y Elvia Ortiz; y la japonesa por Gerardo Peral.

Así también, la piel canela donada por Willehado Osorio; Cantinflas por Luis Villagómez; Mefistófeles por Baraquiel Ortiz; la rubia por las señoritas Pajares; Mauricio Garcés por Paz Villagómez: y Jorge Negrete, por el propio cronista.

El baile de los matachines de San José se basa en la improvisación, pues para cargarlos y “bailarlos” no se requiere ensayar… es más, ni siquiera saber bailar. Los participantes en el recorrido que se realiza por las principales calles de la ciudad son jóvenes espontáneos que caminan con las armazones a cuestas y se detienen en las esquinas para bailar al son de la música de la banda, como cada quien la siente.

Parte de su encanto radica en el juego que se establece entre los bailarines y el público, pues los primeros arremeten contra los espectadores, principalmente contra los niños y las mujeres, agachando la armazón, simulando embestirlos y haciéndolos correr.

En décadas pasadas, cuando las jóvenes del barrio estaban sujetas a una estricta vigilancia de sus familiares, el efímero anonimato del baile de los matachines brindaba a los pretendientes la oportunidad de acercarse y cruzar algunas palabras con ellas.

Tal era el caso de Manuel Ortiz Cruz, quien emigró a la Ciudad de México en 1939, pero cuando regresaba con motivo de la fiesta del barrio, buscaba la oportunidad de cargar un matachín para acercarse a su novia y ponerse de acuerdo con ella, sin que sus cuñados se dieran cuenta.

Con el paso de los años los matachines fueron adoptados por otros barrios, e incluso por algunas localidades cercanas, que los han incorporado a sus festividades. Sin embargo, los de San José siguen siendo los más vistosos y representativos, los que continúan atrayendo la atención de los habitantes de la ciudad. De ello se sienten orgullosos los habitantes del barrio, quienes afirman: “Ahora podrá haber matachines en otros lugares, pero los auténticos, los mejores, son los de San José. Con todo respeto, pero los demás son simples imitaciones”.

Forma parte del libro “NI callada ni dormida”

La fiesta comenzó el viernes 16 de marzo y culmino el 19, donde lo religioso y lo profano hicieron como cada año, una de las ferias más grandes de Huajuapan; Jaripeos, Quema de Fuegos artificiales, Presentación de Grupos de Danza Locales, Bailes populares y los más importante los paseos de Matachines, paseos que cada año reúnen a Cientos de Huajuapañeos por las principales calles acompañando a estos muñecos alegres y bailadores. El paseo del día 19 es el paseo grande donde carros alegóricos, comparsas, Música y Alegría llenan las calles del centro, además de los matachines, los anfitriones de la fiesta, fueron acompañados por los Diablos de la Providencia, La Mojigangas y varias bandas viento para poner el ritmo que pone a bailar a todos.

La fiesta de San José es una las más reconocidas en Huajuapan y este año celebrando los 87 años de los matachines, fue una fiesta llena de unión y festejo, donde la buena organización siempre es destacable. San José padre del Niño Jesús, es el patrón del barrio más bullangero, alegre y festivo de Huajuapan.

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www.ViveOaxaca.org
"Tierra de dioses que Nunca Mueren"
2012

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